
Empezó con un solo de tos
Léopold se lanzó a la actuación a los seis meses, en una representación familiar. Debía decir "Hola". Tosió. La sala aplaudió. Su madre le dijo que eso era "lo trágico". Nunca más cuestionó su talento.

Interpreta Hamlet a una galleta con forma de calavera
Todos los martes, Léopold ensaya Hamlet a solas en el granero. En vez de la calavera, sostiene una galleta con forma de cabeza. Tiende a llorar en pleno soliloquio, y después se come el accesorio. Es su versión. Nadie se atreve a corregirlo.

Recibe sus críticas en la cama
Léopold nunca lee las críticas de pie. Se acuesta en su cama real, se pone una mascarilla de pepino, y hace que un mayordomo le lea los artículos en voz alta (en este caso, un tejón voluntario). Llora con las malas críticas, pero también con las buenas. Depende del pepino.

