
Un nacimiento ya con puesta en escena
Aldebaran nació una mañana de noviembre, ya cansado de que nadie lo filmara. Su madre le tendió una escarapela de bienvenida, que él masticó al instante para hacer su primer autógrafo. Toda la maternidad del haras se inclinó. Él cerró un ojo, como en las revistas.

Galopó solo. Con una gaviota.
Adolescente, Aldebaran galopaba a lo largo de los acantilados normandos al atardecer, solo para ver si el viento le quedaba bien en la crin. Una gaviota respetuosa siempre mantenía la formación tres metros detrás. Él dice tener antepasados andaluces. Su madre es de Caen. El mar no dice nada.

Lee a Baudelaire con té helado
Aldebaran lee. Mucho. Sobre todo a los poetas del siglo XIX, instalado en una tumbona vintage en pleno prado, con gafas redondas sobre el hocico y té helado con pajita. Si una mariposa intenta posarse en la página, la aparta cortésmente con un resoplido. Rechaza la avena de plástico "por razones éticas".








